De CUENTOS y RELATOS…

– “Estoy bien a’pá, creo que ya entendí”, dijo con un intento de sonrisa que el dolor le hizo dibujar solo una mueca.

Quizá fue solo tratando de aligerar el momento, que las palabras mayores las esperaría de su madre, mientras miraba en don José angustia en su moreno rostro, más que seriedad, desazón, con uno de los ojos entreabiertos, cuando le revisaba la cabeza. “Y eso que no ha visto bien como está detrás, ni sabe que siento como si la trajera partida”.

Tenía surcos de carne viva de la ceja izquierda al pómulo derecho, la nariz chueca y los labios más gruesos y grandes, que los de su naturaleza trompuda. Sangre por dentro y fuera de la boca, quizá hubo más cortes por los frenillos que aún lucía, bañados de rojo y tierra.

Sin embargo eso no era todo, atrás de la cabeza tenía una raya sin cabellos de varios centímetros, casi 10, y algunos moretones en otras partes del cuerpo, cuello, brazos, así como un golpe en el tobillo.

-¿Cómo montaría? que nomás faltaba que el becerro lo zurrara, bueno becerra aclararon después. Se preguntaba don José.

Pero de momento no tiempo a más razonamientos, ante la avalancha de tacos que con un “a ver si así entiendes, cabrón, hijo de tu… madre”, le restregó su progenitora.

-Mejor cerré los ojos y vagué…

-Muchacho. Tú tienes patas de jinete, por ahí en el corral tengo unos becerros, los vamos a calar”, fueron la palabras del Patrón, cuando estábamos llegando a los rediles, a la altura del baño garrapaticida, una vez terminada la jornada de abono y escarda, asegundándole don Chon y el resto de compañeros, la mozada pues…

-¿Te animas a jinetear uno? Preguntó e insistió “tú tienes patas de jinete”.

Quería quejarse el Gonzo, pero no quería más “repetumbe” y parecía grabarse la coincidente insistencia del Viejillo y la Doña ¿Qué más quieres que te pase?

Fue un hummmm casi imperceptible que me sacó de mi ensimismamiento, pero ya volvía a ese tiempo, cuando tenía unos años menos que el Gonzo. Se había llegado la hora de terminar el jornal, la milpa ya tomaba color tras recibir el abono, el baño de tierra y agua. Salimos por donde el corral de los becerros y de nuevo la cantaleta del Patrón.

-Tú tienes patas de jinete, ahí está ese blanquito acebuzado pa’ti.

-¡Muchachos, metan los becerros!, gritó el patrón a los vaqueros.

Ya los llevan al otro lado del baño garrapaticida, para que el carril de salida sirva de cajón, donde ya hacen fila animados los primeros aspirantes a debutar el siguiente año en el tradicional Toro de Once –cuando meten más becerros-, en la monumental Petatera.

Son los más grandes, los escardadores y hormigueros, quienes van primero. Buena monta del Chalecos, Tintín cae, cuando oigo “prepárate, que sigues después de la Mona”…

-Me tiemblan las piernas, hay miedo, pero ahí voy. Engarzo la soga que sirve de pretal con las manos, una palma pa’rriba, otra pa’bajo y comienzan a apretarla los vaqueros. ¿Ya? ¡No, más apretado! ¿Listo? ¡Casi! Don Chon me aconseja, acomódate más adelante, tu horqueta casi al pie de tus manos, pero malean los soltadores y me dejan libre el becerro cuando aún estoy casi en la “enanca”. Al primer reparo voy pa’lante, medio me acomodo, el becerro lanza un campanazo y mi pecho golpea la jorobilla naciente del cebucito que cabecea y su testuz me pega de lado, entre cara y cuello, el suelo me espera, pa’colmo, de jeta caigo en una “cuacha”.

Bien recuerda José. Dos meses fueron, sin poder enderezar la cabeza, ni poder ver pa’lado izquierdo. Los dolores son intensos cuando hay intentos de parecer bien, pero no digo nada en casa del “blanquito”, cuando preguntan por qué ando así. “Es que me caí acarreando una bolsa de abono al oasis, en mitad de la parcela”… (Del proyecto De Jinete a Jinete)

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